La fábrica del futuro tendrá sólo dos empleados: un hombre y un perro. El cometido del hombre será dar de comer al perro. El del perro será cuidar de que el hombre no toque el equipo.

Blandimanos, quebrantamanos y sacabrazos

Blandimanos, quebrantamanos y sacabrazos

Escrito por AAR

Categoría: Entretenimiento y Humor

Me encontré este artículo en la WayBackMachine del blog de un amigo: Carlos, de su ya cerrado blog EstableDentroDeLaGravedad, ojala no me regañe por publicarlo pero todos los créditos van a el y por ser su fan me gustaría compartirlo con ustedes.

Desde no se sabe cuándo, tenemos la costumbre, al menos en occidente, de saludarnos con un apretón de manos, especialmente en aquellos contextos que requieren de cierta formalidad en el trato. Bueno, seguro que hay mil presuntas historias acerca de cómo se inició esta costumbre, pero ahora mismo eso me da igual: me interesa más prestar atención a ciertos aspectos de esta curiosa forma de saludarse, y a las dolorosas situaciones que me está provocando últimamente. Pero no adelantemos acontecimientos.


El clásico saludo: estrecharse mutuamente la mano derecha.
Que cosa tan tonta, ¿no?

Para empezar, me llama la atención que rara vez se produzca una descoordinación o fallo al estrechar la mano de alguien. De hecho, a mí no me ha pasado nunca, ni he visto nadie a quien le ocurra: todo apretón de manos se ejecuta con éxito. Parecerá una observación un poco rara, y seguramente lo sea, pero encuentro que, en cambio, no es tan fácil hacer un “high five” (rollo “choca esos cinco): las manos no siempre se encuentran con la precisión que sería deseable, o incluso puede que se crucen sin llegar a chocarse, dando lugar a momentos de gran patetismo y ridículo psicomotriz. Algunos dirán: bueno, es que chocar las palmas de las manos es un gesto más complicado y rápido. Muy bien, ¿qué me dicen entonces de los besos? Y no hablo de los besitos en la mejilla, o peor aún, de los que se dan al aire apenas rozando las mejillas. Hablo de los morreos con más lengua que una academia de idiomas. Se realizan con un gesto lento y teóricamente simple, pero todos sabemos que, en la práctica, no lo es. Ya para empezar, al besarse pueden chocar las mandíbulas o las narices, o como mínimo producirse un leve titubeo en los momentos iniciales del encuentro bucal, pues el mundo parece dividirse entre los que giran la cabeza a la derecha (que yo diría que son mayoría) y los que la giran a la izquierda. Resumiendo, que el éxito de un beso no está ni mucho menos garantizado. Ah, y qué decir de esas situaciones en las que alguien viene de frente, te desvías a la izquierda y el otro también, te desvías a la derecha y el otro también, y el zigzagueo se acelera hasta que prácticamente te das de morros con el otro. Pero ¿darse la mano y fallar? Tengo la sensación de que eso nunca ocurre, de hecho, hasta la clásica sacudida leve tras encajar las manos se produce con una sincronización admirable. No me lo explico.


Este tierno animalito besucón opta por girar la
cabeza a la izquierda y cerrar los ojos cuando se
dispone a pegarse un filetazo con quien se deje.

Sin embargo, los apretones de manos no siempre son perfectos en otros aspectos. Puede que, para un observador externo, todo apretón de manos parezca perfecto, tal como acabo de explicar. Pero para quien participa en él, son muchos los matices que pueden alterar esta percepción. Se trata de matices que, normalmente, no acaban de empañar técnicamente la ejecución del apretón de manos, pero que sin duda arruinan la experiencia de al menos uno de los implicados. Concretamente, me gustaría hablar de 3 tipos de apretones de mano que considero defectuosos o como mínimo muy poco satisfactorios. Bueno, 3 tipos de apretón, o 3 tipos de personas, según se quiera ver:

- El blandimano: Se trata de aquella persona que deposita su mano en la tuya más que encajarla. Vamos, que no sabes si te está dando la mano para que se la estreches o para que se la beses. Esto crea una sensación desagradable y extraña, pues viene a ser como darle la mano a un muerto o a una lechuga (si las lechugas tuvieran manos, claro). Es difícil generalizar, pero creo que esto tiende a ocurrir con gente que está algo acojonada/nerviosa, o que parece vivir en un estado de sopor permanente. La edad también afecta, aunque de forma relativa: los mano-blandita suelen ser personas bastante más jóvenes que yo. A mí me da mal rollo que me hagan esto, y de hecho tengo la sensación de que cuanto más blandita me dan la mano, más fría está (lo cual, no por casualidad, encaja perfectamente con lo del cadáver y la lechuga, suponiendo en este caso que la lechuga estuviera en la nevera).

Antes o después, todos topamos con algún blandimano, y cuando esto ocurre, posiblemente nos hagamos la siguiente pregunta: “¿y si yo soy un blandimano y no me he dado cuenta?“. El primer impulso es darte la mano a ti mismo, pero ya puedo adelantar que eso no funciona demasiado bien. ¿Cómo descartar entonces el blandimanismo? Bueno, hay alguna que otra forma: por ejemplo, si eres el primero en ofrecer la mano, no hay de qué preocuparse, pues los blandimanos siempre ofrecen la suya como respuesta a una oferta previa, nunca por iniciativa propia (como todo, habrá excepciones, pero como norma general, me parece bastante fiable).


Típica mano blanda.

- El quebrantamanos: Todo lo contrario del anterior. El apretón “quebrantamanos” es dispensado por individuos que te estrujan los carpianos, metacarpianos y falanges sin miramiento alguno. Quien da con un quebrantamanos piensa, al menos por un momento, que la persona que tiene delante lo odia profundamente y que su única meta en la vida es triturarle la mano derecha por motivos desconocidos. Sin embargo, el quebrantamanos suele infligir su apretón hidráulico con una amplia sonrisa en el rostro, como diciendo “¿a que te mola que te haga polvo la mano, hijo de puta?“. Tan pronto como detectas la situación, tensas un poco más la mano y ya está, pero no puedes dejar de preguntarte a qué ha venido eso. ¿Realmente la otra persona no se da cuenta de que te está cortando la circulación? Porque, si aceptamos que es posible espachurrar manos ajenas de forma inconsciente, esto nos llevará de nuevo a una reflexión similar a la del caso anterior: ¿y si somos un quebrantamanos y no nos hemos dado cuenta? Los quebrantamanos no tienen una tipología tan definida como los blandimanos, pero sí me atrevería a decir que a veces se trata de gente que parece querer dar la nota o al menos transmitir una imagen algo impostada, aunque por otra parte, he conocido a multitud de quebrantamanos que para nada daban este perfil. Así que supongo que solo se trata de personas que sufren algún desajuste locomotor, pero en este caso sí tengo una “prueba del algodón”: la prueba del huevo. Consiste en coger un huevo y entregárselo al quebrantamanos; si al sujetarlo lo revienta, nos encontramos ante un caso genuino de potencia sin control, como el típico robot que intenta coger una florecilla y la hace papilla. Si, en cambio, su motricidad fina le permite sujetarlo sin destruirlo, cabe sospechar que nos encontramos ante un individuo muy consciente de lo que hace cuando le da la mano a alguien. Esta misma prueba nos la podemos aplicar a nosotros mismos, por supuesto.


La mano de un quebrantamanos viene a ser como unas tenazas.

- El sacabrazos: Pese a ser el tipo de personaje menos frecuente, es el que me ha motivado a escribir esta entrada, como veremos un poco más abajo. El sacabrazos es, en realidad, una variante del quebrantamanos: se trata de sujetos que, además de atenazarte la mano con firmeza, te atizan tal sacudida que si te despistas, te separan el húmero de la escápula y te arrancan el brazo. Es normal sacudir un poco las manos hacia abajo tras encajarlas, pero el sacabrazos no la sacude, la tironea con saña, como si quisiera desmembrarte y llevarse tu brazo a casa de recuerdo. Para este caso, creo que no es necesaria prueba diagnóstica alguna, ya que un sacabrazos se reconoce de inmediato, y no creo que sea posible ser un sacabrazos sin ser consciente de ello. En cualquier caso, es la tipología menos frecuente y, por tanto, es la que tengo menos estudiada.

Aunque todo lo anterior está basado en hechos reales, es cierto que he exagerado un poco: hasta la fecha, nunca me habían hecho daño con un apretón de manos o una sacudida del brazo. Como máximo, te sorprendes y piensas: “¿a qué ha venido esto?“. Pero nada más. De hecho, nunca he conocido quebrantamanos o sacabrazos de sexo femenino: las hembras de la especie humana parecen adolecer de una preocupante debilidad en antebrazos y muñecas, una debilidad que a menudo se pone de manifiesto en otro tipo de situaciones que ahora no tocaremos. Por tanto, los casos más “peligrosos” (quebrantamanos y sacabrazos) siempre son de sexo masculino, lo cual ya reduce bastante su número. En fin, este tema nunca me preocupó demasiado…

… hasta que, hace cosa de unos 4 meses, me hice polvo el hombro (un tendón del bíceps, en realidad) de la forma más tonta, tratando de coger algo del asiento trasero del coche mientras conducía, sin moverme ni un ápice del asiento ni quitar la vista de la carretera, por supuesto. La historia es todavía más tonta de lo que parece, pero podría resumirse así. La cosa es que mi prodigioso ejercicio de contorsionismo terminó con un tirón muscular que casi me deja el brazo derecho colgando. ¿Y por qué explico esto? Pues porque poco después de esto, tuve la mala suerte de conocer a uno de los sacabrazos más potentes que he encontrado a lo largo de mi existencia, que ya es mala suerte, justo tras sufrir esta dolorosa lesión. Ya en su primer apretón de manos, este hombre me pegó tal tirón, que me hizo ver las estrellas. Pero lo malo es que, desde entonces, tengo que verlo (y saludarlo) con cierta frecuencia, y cada vez que se acerca a darme la mano, ya me echo a temblar. Es buen tipo, eso desde luego, pero está claro que no es consciente de que para dar la mano no hace falta dislocarle las articulaciones a nadie.


El apretón de manos de un sacabrazos posee
la misma dulzura que una excavadora mecánica.

En ausencia de la lesión del hombro, encontrarme con este hombre tantas veces durante los últimos meses no habría tenido mayor trascendencia. Pero en estas circunstancias, se convirtió en un auténtico problema, pues los tirones de este individuo me causaban un dolor espantoso. Es que el muy cabrón sabe tirarte del brazo en el peor ángulo, como si se hubiese entrenado. Las primeras semanas traté de tensar los músculos a la vez que le daba la mano (la misma táctica empleada para contrarrestar la tenaza de un quebrantamanos), pero fue todavía peor: sí, podía anular la mayor parte del tirón, pero esto era todavía más doloroso. En un par de ocasiones estuve a punto de explicarle que tenía el hombro hecho cisco, pero claro, eso era como darle a entender que era un poco bruto, y como en el fondo es un buen hombre, me sabría mal. Así que cada vez acabo pensando: “va, aguanta un tirón más, que la semana que viene ya estarás mejor“. Pero llega “la semana que viene”, y todavía te duele la sacabrazada de 7 días antes. Por ello, finalmente, he optado por lo impensable: me he convertido temporalmente en blandimano (e incluso en blandibrazo), al menos cuando me encuentro con este individuo. Digamos que dejo que me coja la mano y que haga lo que quiera con ella, tratando de no oponer resistencia e intentando acompañar sus zarandeos con movimientos de mi cuerpo. En general no da mal resultado: semana tras semana, he ido perfeccionando la técnica, y por fin he podido empezar a recuperarme, pues creo que me he tirado dos meses recuperándome y volviéndome a joder cada vez que este tipo me reventaba la cavidad glenoidea.

En definitiva, los apretones de manos son gestos cordiales, toda una expresión de paz entre los pueblos, de entendimiento y de amistad, pero terminaré esta entrada confesando algo: sueño con el día en que, totalmente recuperado del hombro, le coja la mano a este tipo y le meta tal tirón de brazo, que lo deje bien loco o directamente lo haga girar sobre sí mismo como una peonza. Con todo el cariño del mundo, ¡por supuesto!

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  1. Bitacoras.com Dice:

    Información Bitacoras.com…

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  2. Blandimanos, quebrantamanos y sacabrazos Dice:

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